¿Está tu caballo listo para empezar el trabajo bajo la silla?
Si eres propietario de un caballo joven, seguro que esperas con impaciencia el momento en que puedas empezar a trabajar con él bajo la silla. Es un momento no solo muy emocionante, sino también de gran responsabilidad. Los inicios del trabajo bajo la silla influyen enormemente en cómo se desarrollará nuestro caballo en el futuro y en cómo será nuestra relación con él. El entrenamiento en sí al que sometamos a nuestro caballo es muy importante, pero no lo es menos elegir el momento adecuado para empezarlo. En este artículo te ayudaremos a determinar si tu caballo ya está listo para empezar el trabajo bajo la silla y qué deberías comprobar antes de decidirte a dar ese paso.
¿Por qué es tan importante elegir el momento?
El trabajo bajo la silla conlleva para el caballo una carga considerable, por eso deberías estar seguro de que tu caballo está listo para ella tanto física como psíquicamente. Debemos, pues, tener en cuenta dos cosas:
- La madurez física de nuestro caballo, principalmente de su aparato musculoesquelético.
- La madurez psíquica de nuestro caballo: cómo acepta los nuevos elementos (la cabezada, la silla), si es capaz de concentrarse en el trabajo con la persona y cómo reacciona a los estímulos externos.
Por norma, hoy se considera que la mayoría de los caballos de sangre caliente que se desarrollan correctamente están listos para empezar el trabajo bajo la silla hacia los 3,5-4 años.
Hay que recordar, no obstante, que es una cuestión individual y que para cada caballo puede ser algo distinto.
Empezar el trabajo bajo la silla con un caballo que no está preparado físicamente para ello puede provocar cambios irreversibles en su sistema óseo y hacerlo mucho más propenso a las sobrecargas y las lesiones. Por otro lado, exigir la aceptación del jinete a un caballo que todavía tiene problemas durante el trabajo desde el suelo probablemente aumentará aún más su nerviosismo o su resistencia. Así que, si nos importa que nuestro caballo esté sano durante muchos años y que sea confiado y trabaje de buen grado con la persona, a veces conviene esperar a empezar el trabajo hasta el momento en que estemos seguros de que no le haremos daño a nuestra futura montura.
La madurez física del caballo y el trabajo bajo la silla.
El sistema óseo.
La rapidez con que un caballo alcanza la madurez, y en especial su aparato musculoesquelético, depende de muchos factores, de los cuales los más importantes son la raza y las condiciones de cría (alimentación, ejercicio, suplementación de carencias, etc.) y, en menor medida, el sexo. El crecimiento de los huesos se produce en las placas de crecimiento, llamadas también cartílagos de crecimiento. Es precisamente su cierre (es decir, la mineralización y la transformación del cartílago en hueso) lo que indica el fin del crecimiento de ese hueso. El proceso de osificación no dura lo mismo para cada hueso; por ejemplo, el hueso de la cuartilla alcanza su longitud máxima ya hacia los 6-7 meses de vida del caballo, los huesos de la pelvis «se cierran» entre los 3 y los 4 años, y las vértebras (la parte del sistema óseo del caballo que se osifica en último lugar) necesitan para ello hasta 6 años.
Una carga excesiva sobre un caballo cuyos huesos están todavía lejos de terminar de crecer puede provocar una alteración (detención) del crecimiento, raquitismo o propensión a las fracturas. Aunque muchas personas se preocupan sobre todo por los huesos de los miembros, una carga excesiva es aún más peligrosa para la espalda de nuestro caballo. Probablemente empezará entonces a tensar y rigidizar los músculos del dorso, imposibilitando el trabajo en relajación o el autoporte.
Aunque es cierto que los ponis y los caballos pequeños, así como algunas razas (en especial los pura sangre inglés o con mucha sangre de esta), se osifican antes, hay que recordar que nunca podremos determinar «a ojo» el grado de osificación de nuestro caballo y que una gran alzada no es en absoluto un indicador de ello.
A pesar de que hay ciertas pistas que pueden indicarnos que nuestro caballo sigue creciendo con intensidad (por ejemplo, cuando la grupa está visiblemente más alta que la cruz), solo una radiografía realizada por un veterinario puede darnos una respuesta clara sobre esta cuestión.
Además del grado de osificación, este tipo de prueba nos ayudará a detectar cualquier problema (por ejemplo, fragmentos osteocondrales, quistes, huesos sesamoideos débiles, etc.) y a reaccionar con antelación, y nos dará algunas pistas sobre a qué hay que prestar especial atención durante el entrenamiento.
El sistema muscular y la forma física.
Otra cosa importante es el sistema muscular de nuestro caballo y su forma física general. Aunque los inicios del trabajo bajo la silla sean sesiones cortas, para el organismo de un caballo joven suponen un gasto energético considerable. Si nuestro caballo está demasiado delgado, tiene los músculos débiles o, en general, está fuera de forma, deberíamos prepararlo primero adecuadamente para el esfuerzo físico creciente. Muchas personas consideran que el mejor momento para empezar el trabajo con un caballo es el otoño, al final de la temporada de pasto (si nuestro caballo joven tiene la posibilidad de estar en el pasto la mayor parte del día). Un caballo que ha corrido a sus anchas estará más tranquilo y dispuesto a colaborar, y sus músculos, más desarrollados y fuertes. Pero, aunque nuestro caballo esté en muy buena forma, conviene preceder el trabajo bajo el jinete con unos meses o al menos unas semanas de trabajo desde el suelo. Puede ser trabajo dando cuerda, en el caminador o paseos a la mano. Todas estas cosas ayudarán a nuestro caballo a reforzar los músculos y a desarrollar el equilibrio adecuado, imprescindibles para el trabajo bajo la silla.
La madurez psíquica del caballo.
La disposición psíquica del caballo para el trabajo bajo la silla es tan importante como su desarrollo físico, aunque puede ser aún más difícil de valorar objetivamente. En primer lugar, debes recordar que incluso caballos de la misma edad pueden estar en un nivel de desarrollo psíquico completamente distinto. Depende de su crianza y de sus experiencias previas con la persona, de su carácter y su temperamento. Por eso es tan importante aquí un trabajo desde el suelo paciente y constante, que preceda al trabajo bajo la silla. Solo en el momento en que el caballo acepta sin problemas el bocado (aquí descubrirás cómo elegir el bocado adecuado para un caballo joven), la silla, la presión de la cincha y nuestra presencia y contacto, podemos plantearnos empezar el trabajo bajo la silla de una forma que sea segura tanto para nosotros como para nuestro caballo. Sin duda es más fácil trabajar con un caballo que desde potro se acostumbró a la presencia humana, a los cuidados o a distintos estímulos externos (coches o maquinaria agrícola, otros animales, ruido). Pero si nos topamos con un caballo que no ha sido familiarizado con esas cosas, tendremos que dedicar más tiempo a construir una relación adecuada antes de empezar a aumentar nuestras exigencias con él. Si no estás seguro de si tu caballo ya está listo, intenta responder a algunas preguntas:
- ¿Está tranquilo al embridarlo, ensillarlo y llevarlo a la mano?
- ¿Cómo son sus reacciones a los estímulos nuevos? ¿Curiosidad o más bien huida?
- ¿Son sus reacciones adecuadas al tipo de estímulo o suceso? (El caballo puede asustarse o dar un salto en reacción a algo nuevo o a un sonido desconocido, pero no debería entrar en pánico.)
- ¿Tras una reacción o un susto, vuelve rápido a su estado normal y se deja tranquilizar?
¿Quién debería trabajar con un caballo joven?
Empezar el trabajo con tu caballo joven es algo que seguro esperas, sobre todo si lo tienes desde potro. Pero no dejes que las emociones se impongan al pensamiento racional. Trabajar con un caballo joven es una gran responsabilidad y una tarea que exige un jinete con las habilidades y el enfoque adecuados con los caballos. También es imprescindible garantizar las condiciones adecuadas para que el proceso sea seguro y lo menos estresante posible para el caballo. A veces es mejor encargar el desbrave de un caballo joven a un profesional con la experiencia adecuada que hacerlo uno mismo. Puede conllevar un gasto adicional, pero es sin duda algo en lo que no deberíamos ahorrar y que dará frutos en el futuro. Podemos enviar a nuestro caballo a un centro de entrenamiento o buscar a una persona que nos ayude en casa, lo que nos permitirá implicarnos y participar activamente en el proceso. Así que, antes de decidir quién debería trabajar con tu caballo, plantéate si:
- Tienes las habilidades adecuadas para trabajar con un caballo joven. Quizá hayas trabajado alguna vez con un caballo joven bajo la supervisión de un entrenador o hayas participado en la preparación de un caballo joven para el trabajo bajo la silla. ¿Te desenvuelves con caballos que dan corcovos, se empinan, se asustan, etc.?
- ¿Dispones de las condiciones adecuadas? Al principio es muy útil un picadero de dar cuerda o un round pen, o al menos una pista cubierta donde puedas trabajar con tranquilidad con tu caballo.
- ¿Tienes tiempo suficiente? Trabajar con un caballo joven exige regularidad y una gran inversión de tiempo. Al principio deberían ser al menos 3-4 sesiones bien planificadas por semana, que le ayuden a asentar una rutina.
- ¿Tienes un ayudante con las habilidades adecuadas? Ni siquiera los jinetes muy experimentados suelen empezar a desbravar caballos jóvenes en solitario. Necesitarás a una persona que te ayude (sujetar al caballo, dar cuerda contigo en la silla, etc.), al menos durante las primeras montas.