¿Cómo elegir el primer equipo para un caballo joven?
Empezar el trabajo bajo la silla con un caballo joven es un momento muy importante. Las primeras experiencias del caballo joven determinan en gran medida su desarrollo psíquico y físico posterior, así como nuestra relación con él. Para que los primeros meses bajo la silla le resulten lo menos estresantes posible, es fundamental elegir un equipo adecuado, que sea a la vez cómodo y seguro. En este artículo te contamos cómo elegir la silla y la cabezada para un caballo joven, y qué otro material puede necesitar al empezar a trabajar con un jinete.
Equipo para un caballo joven: ¿en qué se diferencia?
A veces oirás decir que no merece la pena invertir en una buena silla para un caballo joven hasta que empecemos con él un trabajo más serio. Nada más lejos de la realidad. El dorso del caballo joven es muy sensible, y las placas de crecimiento de la columna se cierran y osifican las últimas (incluso hacia los 6-7 años de edad). Hay que recordar también que, aunque precedamos el desbrave con un trabajo desde tierra suficientemente largo, la mayoría de los caballos jóvenes, al empezar a trabajar con peso, necesitan tiempo para reforzar aún más la musculatura dorsal y adquirir equilibrio. Una silla que le encaje y no le limite los movimientos les ayudará mucho en eso. Lo mismo ocurre con la cabezada y, sobre todo, con el bocado. Un bocado inadecuado (demasiado grande o pequeño), demasiado duro o mal colocado desanimará al caballo del trabajo y puede hacer que rápidamente adquiera malos hábitos, no solo montando, sino también al embocarlo y manejarlo.
El primer equipo con el que empezamos a trabajar con nuestro caballo joven rara vez resulta ser el definitivo y es posible que al cabo de unos meses haya que cambiarlo, pero aun así merece la pena invertir nuestro tiempo (y dinero) en elegirlo bien.
La primera silla para un caballo joven
Al elegir la primera silla conviene contar con la ayuda de un saddle fitter profesional o intentar ampliar nuestros conocimientos sobre el tema (por ejemplo con un curso online de saddle fitting como este). Pero ¿cuáles son las cosas más importantes en las que fijarse? Sobre todo estas:
- Un canal suficientemente ancho, que deje espacio de sobra a la columna, no comprima los músculos a sus lados y les permita desarrollarse correctamente.
- Un arcón delantero que deje espacio adecuado a la cruz, tanto por arriba como a los lados.
- Un arcón delantero con la angulación correcta, para que las escápulas puedan moverse con libertad (especialmente importante en caballos de movimientos amplios).
- El tamaño de la silla. Recuerda que el asiento no puede ser más largo que la zona del dorso capaz de soportar peso (en inglés saddle support area). Se considera que el asiento no debe sobrepasar la última costilla fija del caballo.
Recuerda también que la silla debe ser cómoda no solo para el caballo, sino en igual medida para ti. Un jinete en una silla que no le encaja no se sentará de forma estable y tendrá problemas para usar correctamente las ayudas. Esa situación nunca es deseable, pero menos aún montando un caballo joven, donde es todavía más fácil alterar su equilibrio y donde las ayudas deben usarse de forma clara y decidida.
Es normal que, con un trabajo regular bajo la silla, el caballo joven vaya desarrollando la musculatura dorsal y que su conformación cambie. Probablemente, al cabo de un tiempo haya que volver a ajustar la silla. Por eso conviene plantearse la compra de una silla con arcones intercambiablescomo este modelo, en la que se puede cambiar fácilmente la abertura del arcón (sin guarnicionero ni herramientas especializadas). No se recomienda empezar a trabajar con una silla mucho más grande esperando que el caballo joven «crezca» hasta ella con el tiempo. Esa solución se puede comparar con comprarle a un niño unas zapatillas de correr demasiado grandes. Ahora bien, si queremos corregir ligeramente la posición de la silla o rellenar algo el espacio entre la silla y el dorso, podemos hacerlo usando con criterio un sudadero, una gomaespuma o un gel.
¿Qué cabezada y qué bocado para un caballo joven?
El siguiente paso es elegir el bocado y la cabezada adecuados para nuestro caballo. Lo mejor es empezar con los modelos más corrientes y sencillos, los menos invasivos para el caballo y los que le resulte más fácil aceptar. Recuerda que el reflejo natural del caballo joven al principio es masticar con fuerza o incluso morder y empujar el bocado. Algunos caballos reaccionan además frotándose la boca contra las tablas de la pista o las paredes del box, intentando deshacerse del bocado. Por eso es aún más importante que el bocado sea lo más seguro posible y esté bien colocado. Lo que mejor funciona son los bocados de doble articulación, de anillas sueltas y más bien algo más gruesos (unos 16 mm), en los que la acción de la mano del jinete se reparte de forma uniforme en la boca del caballo y que no actúan de manera especialmente intensa sobre ninguna zona (por ejemplo, el paladar). Los caballos jóvenes pueden tener reacciones imprevistas, como asustarse, dar corcovos o salir bruscamente hacia delante. No queremos que, con esas conductas, el caballo se castigue demasiado «clavándose» en un bocado duro. Es totalmente inadmisible usar en el desbrave de un caballo joven bocados de acción fuerte con camas o bridas completas: déjalos para un nivel de doma mucho más alto. Algunos caballos jóvenes que juegan mucho con el bocado pueden intentar pasar la lengua por encima. Un bocado más grueso y bien colocado (no demasiado suelto) debería frustrar esos intentos.
Mucha gente intenta empezar el trabajo con caballos jóvenes usando bocados muy blandos (de goma, de cuero, etc.), de buena fe, pensando que será la mejor solución para el caballo. Sin embargo, la acción de un bocado así puede resultar demasiado débil y poco comprensible para un caballo inexperto, por no hablar de que el caballo puede destrozarlo rápido a base de masticarlo y morderlo. Si queremos usar este tipo de embocadura, es mejor esperar a que nuestro caballo sea algo más «manejable» y responda correctamente al asiento y a las demás ayudas. En las primeras etapas del desbrave lo que mejor funciona son las cabezadas sencillas. Puedes incluso probar una versión sin muserola ni ahogadero e ir añadiéndolos poco a poco según haga falta. Si, pese a un bocado bien elegido, el caballo huye del contacto durante mucho tiempo, sacude la cabeza y se pone nervioso al embocarlo, conviene consultar a un dentista. Muchos caballos jóvenes tienen el problema de los llamados «dientes de lobo», que hay que extraer si les causan dolor.
¿Qué equipo adicional necesita un caballo joven?
En la etapa inicial del trabajo con un caballo joven deberíamos limitarnos al mínimo imprescindible en cuanto a material. Recuerda añadir los elementos nuevos de forma gradual y de uno en uno. Solo así podrás observar cómo reacciona el caballo a cada cosa y estar seguro de que un posible cambio de conducta se debe justamente a ella. Si hace falta, puedes usar una martingala bien ajustada (la correa del cuello de la martingala es especialmente útil montando caballos que dan corcovos: puedes agarrarte a ella para evitar tirar de las riendas) o un petral. Renuncia, en cambio, a los descabezadores, gomas o riendas auxiliares de acción fuerte, que pueden reducir las ganas del caballo de ir hacia delante. Si tienes que introducirlos, espera a que el caballo adquiera equilibrio e impulsión.
Usar protectores o campanas es una elección personal. Una indicación para usarlos puede ser, no obstante, el llamado «alcance», es decir, que el caballo se golpee la mano con la pata (normalmente en la zona del talón). Observa a tu caballo en ese sentido para poder reaccionar rápido y evitar lesiones.
Recuerda que la elección del primer equipo para un caballo joven tendrá una influencia enorme en su confort y, por tanto, en todo el proceso de aprendizaje, en sus progresos y en la creación de hábitos positivos. Así que no subestimes esta tarea y ponte con ella antes de que tu caballo empiece a trabajar bajo el jinete.