La martingala es una de las riendas auxiliares más usadas, y podemos encontrarla tanto en el deporte como en la equitación recreativa. Su uso es bastante amplio y, empleada de forma adecuada, puede aportar muchos beneficios tanto a jinetes como a caballos de distintos niveles de doma.
Pero ¿sabes en qué consiste exactamente la acción de la martingala y cómo ajustarla para que cumpla de verdad su función?
A estas preguntas y a muchas otras sobre la martingala intentaremos responder en este artículo.
¿Cómo está construida la martingala para caballo?
La martingala clásica tiene forma de letra Y y se compone de dos partes:
la correa del pecho – es la correa más larga, terminada en un extremo en un lazo por el que pasamos la cincha. Ese lazo es regulable y, con él, podemos alargar o acortar la martingala. Por el otro extremo, la correa del pecho se divide en dos correas más estrechas terminadas en anillas metálicas, por las que pasan las riendas. Al usar la martingala, se recomienda emplear los llamados topes (o mariposas). Gracias a estos pequeños elementos de goma o cuero fijados en las riendas, las anillas de la martingala no se desplazan demasiado hacia delante y no se enganchan en las anillas del bocado ni en la boca del caballo.
el collarín (correa del cuello) – es un lazo ancho que, como indica su nombre, se sitúa en el cuello del caballo. El collarín también tiene una longitud regulable, de modo que pueda ajustarse a las dimensiones de nuestro caballo. Además, aporta seguridad adicional al jinete, que siempre puede agarrarse a él, por ejemplo, con caballos que dan muchos corcovos (útil al trabajar con caballos jóvenes).
Las martingalas suelen ser de cuero, aunque también encontramos modelos de cincha o de otros materiales sintéticos, como el plástico o el biothane. La mayoría de los jinetes prefieren las martingalas de cuero por su peso y por el escaso riesgo de causar rozaduras. En el caso de la martingala de cuero es importante su mantenimiento, para que el cuero esté blando y ligeramente elástico. El cuero sin el cuidado adecuado es mucho más propenso a agrietarse o romperse, sobre todo en el caso de la martingala, sobre la que se ejerce mucha presión.
La acción de la martingala
La función principal de la martingala es impedir que el caballo levante la cabeza tan alto que quede fuera del punto en el que el jinete puede controlarla. También evita la situación en la que el caballo, al levantar la cabeza o echarla hacia atrás en el salto, pudiera golpearnos en la cara con su nuca.
En el momento en que el caballo intenta erguir la cabeza, las anillas de la martingala ejercen presión sobre las riendas y, con ello, sobre la boca del caballo, animándolo a bajar la cabeza.
La acción de la martingala es relativamente suave en comparación con otras riendas auxiliares, como el chambon, las riendas alemanas (de descenso) o el gogue.
Aunque, por el peso de las anillas, la martingala siempre ejercerá al menos una ligera presión, podemos controlar su acción cediendo o recogiendo las riendas.
Por eso la martingala, a diferencia de otras riendas, puede usarse (y a menudo incluso se recomienda) al saltar obstáculos. Al ceder las riendas al caballo, le damos una libertad de movimiento del cuello casi total. La única disciplina en la que no está permitido el uso de la martingala durante las competiciones es la doma. La función de la martingala no es, por tanto, inmovilizar la cabeza del caballo ni coartar sus movimientos, sino únicamente corregir la postura del caballo y aportar mayor seguridad al jinete.
El uso de la martingala también evita herir las comisuras de la boca del caballo cuando el jinete mantiene las manos demasiado altas. Por eso conviene que también los jinetes principiantes usen la martingala.
Tipos de martingala
Además de la martingala clásica, de la que hemos hablado hasta ahora, también podemos encontrar distintas variantes:
martingala con petral – la opción ideal para jinetes que, por un lado, necesitan la funcionalidad de la martingala y, por otro, quieren evitar que la silla se desplace en exceso. Gracias a la combinación de estas dos cosas en una sola, como en estos modelos, su colocación y uso son mucho más sencillos. En estos modelos, la correa del pecho suele engancharse a la cincha mediante un mosquetón. La martingala normalmente es desmontable, de modo que, si hace falta, se pueda usar también solo el petral.
martingala de babero (Bib) – este tipo de martingala, en lugar de dos correas en la parte superior, tiene un triángulo uniforme, también terminado en anillas por las que pasan las riendas. Por el peso del triángulo, la acción de este tipo de martingala es más fuerte. También hace que las riendas queden más juntas, lo que facilita dirigir y girar a un caballo que «va fuerte». Este tipo de martingala se ve sobre todo en caballos de carreras o en concurso completo. En caso de caída del jinete, el babero, mejor que la martingala clásica, evita que las riendas caigan del cuello del caballo, lo que protege frente a su rotura o —lo que es peor— frente a una lesión del caballo si las riendas se enredaran alrededor de una de sus patas.
martingala elástica – normalmente la encontramos solo como la parte superior de la martingala, que se engancha al petral. Fabricada de goma o de otro material elástico, da al caballo más libertad que una martingala rígida. Una buena solución para caballos que reaccionan mal a una acción más fuerte de la martingala o que tienden a rigidizar la línea del dorso.
martingala irlandesa (correa irlandesa) – es simplemente una correa corta y única, terminada a ambos lados en anillas, que une las riendas por delante del cuello del caballo. La función principal de esta correa es evitar que las riendas caigan del cuello del caballo tras una caída del jinete. El papel de la correa irlandesa es más bien aportar seguridad adicional; no tiene ninguna acción correctora.
¿Cómo ajustar la martingala?
Para que la martingala pueda actuar correctamente, debe estar bien ajustada. Demasiado corta, coartará en exceso los movimientos del caballo, en especial el trabajo del cuello y del dorso (sobre todo durante los saltos, puede hacer que el caballo salte con la llamada «espalda invertida»). Una martingala demasiado larga no solo no cumplirá su función, sino que además puede ser peligrosa: el caballo puede meter ahí un casco y caerse.
Podemos empezar a regular la martingala por el collarín. Debe quedar lo bastante holgado como para que podamos meter la mano de canto entre la correa y el cuello del caballo.
El siguiente paso es regular la longitud de la martingala. Tras subirla al máximo, las anillas deberían quedar más o menos a la altura de la cruz del caballo.
Recuerda que, al pasar el lazo de la martingala por la cincha, debes colocarlo justo en el centro, entre las patas del caballo. Así la martingala actuará de forma uniforme, tirando de la cabeza del caballo hacia abajo y no hacia los lados. Evitarás también la situación en la que el caballo pudiera rozar la martingala con alguna de las patas delanteras.